— BILBAO 2021 —

En la disyuntiva del drama y el espectáculo natural, fotografiar el volcán de La Palma ha sido una de las mayores experiencias de mi vida.

La vida, la mayoría de las veces, te atropella. Me pasé mucho tiempo valorando si ir a La Palma era lo correcto, si mis tripas iban a poder aguantar el trago de ver a un pueblo al que le tengo un tremendo aprecio, sufrir una desgracia de grandes proporciones. No tengo un perfil de fotoperiodista de conflicto. Por mi personalidad, me cuesta muchísimo alejarme de lo que está al otro lado de la cámara. Al revés. Lo que busco con mis fotografías es acercar al espectador a lo que estoy contemplando yo y, si no me involucro con lo que hay tras el objetivo, no lo consigo.

Implicarme en un viaje así suponía para mí ponerme en la piel de quienes han perdido sus hogares y sus negocios… Y, después de eso, sabía que me iban a quedar muy poquitas ganas de coger la cámara para hacer absolutamente nada.

Tenía decidido esperar algo más para emprender ese viaje esperando a que la situación estuviera aún más controlada. Las noticias en los medios seguían siendo catastróficas y, la verdad, no me animaban demasiado a reservar los billetes. Sin embargo, como digo, llega el tren vida y te pasa por encima. Solo te pregunta si subes una vez y, si no lo coges, escuchas un traqueteo en tu mente para el resto de tu vida que te susurra… ¿Y si…? Las razones para coger ese tren, además, eran bastante más importantes que el viaje en sí mismo o las fotografías. Hace mucho me prometí que lo primero es estar para quien te necesita de verdad y, si eso implica dejar de lado todas tus dudas y reticencias… Bien está. Por suerte, tengo una mujer a mi lado que siempre está ahí para darme ese último empujón.

BILLETES COMPRADOS

Normalmente, en un viaje así, la planificación es algo básico para mí. Sin embargo, la urgencia del viaje unido a una carga de trabajo bastante intensa, hizo que nos plantáramos en la isla con el único bagaje de la experiencia de mis viajes anteriores a La Palma y la ubicación en Google Maps del volcán. Desde luego, íbamos a poner a prueba esa parte de “fluir” que comento siempre en los cursos que imparto. Siempre hay que dejarse margen para la improvisación solo que esta vez esa parte iba a ser más grande.

Tan solo hablé con gente de la isla para ver cómo estaban. Para mi sorpresa, fueron los primeros en animarme a visitarlos: “Necesitamos que vuelva el turismo a la isla”. Menos me sorprendió que, a pesar de toda la tragedia, también vieran claro que, aunque con todo el dolor de su corazón, entendían que había que documentar este acontecimiento histórico para generaciones venideras.

EL LADO HUMANO

Antes de nada, lo primero. Era la tercera vez que visitaba la isla este año y fue completamente distinto a las anteriores. Siempre digo a quien quiera escuchar que La Palma tiene muchísimos atractivos turísticos, pero el que destaca por encima de todas las bellezas que esconde, es su pueblo. El pueblo canario en general y el palmero en particular es una maravilla. Son superacogedores, muy atentos y siempre tienen una sonrisa para ofrecerte. Y esto no cambia ni siquiera con un volcán de por medio. Sin embargo, sí que era bastante palpable una sensación de tristeza y cansancio en su amabilidad. No me quiero ni imaginar el drama y la desesperación que supone perder ya no tu casa, sino tu hogar o tu negocio. Ver como, directamente, deja de existir algo que es parte íntima de tu vida. Y, aun así, con todo lo que llevan encima después de tantos días, lo primero era una enorme sonrisa. 



Y esto genera empatía, claro. Mucha. Cariño y admiración lo podemos llamar. Impresiona conocer a gente con una entereza semejante ante la adversidad y eso me hizo replantearme muchas cosas a la hora de fotografiar. Hubo oportunidad de sacar fotos con un enorme potencial visual, con una narrativa enorme detrás. Recuerdo estar parado con el coche antes del túnel de El Paso y ver a los equipos de limpieza, agotados, dirigir el tráfico entre una enorme nube de cenizas. Sin embargo, no me salió de las tripas sacar la cámara. Y creo que hubiese sido legítimo hacerlo, pero, simplemente, no creía que mi fotografía fuera lo más importante en ese momento. Poniéndome en el otro lado, cansado de trabajar en unas condiciones duras, no sé si lo que más me apetecería en el mundo sería ver a un desconocido con una cámara buscando un retrato mío. Tampoco la situación se prestaba para explicaciones. Esta es la única imagen que me atreví a tomar, móvil en mano, de los esfuerzos titánicos que el pueblo palmero tiene que realizar a diario: Retirar la ceniza de sus negocios y viviendas.

Un operario se afana en retirar la ceniza del volcán de una cristalera

MALDITA CENIZA

Y es que, pese a que nuestro imaginario colectivo nos lleva a pensar que las consecuencias dramáticas del volcán son incesantes ríos de lava que persiguen a aventureros con ropa del coronel tapioca y gorrito de Inidiana Jones, la realidad es que el mayor engorro para la gran mayoría de isleños es la ceniza. Ni el sonido, ni el fuego, ni los terremotos, ni la calidad del aire. Ojo, no digo que esto no sean problemas graves. De hecho, es obvio que las coladas de lava son las que se han llevado por delante demasiados hogares, pero, en lo referente a las zonas aledañas, la ceniza es algo tremendamente molesto. Al menos esa es la sensación que tuve yo en los municipios cercanos al volcán sobre todo. Ver como, día tras día, tus calles se vuelven negras, que todas las líneas de parking o circulatorias desaparecen, que simplemente andando levantas partículas que te hace molesto respirar sin la mascarilla adecuada… Creo que es un recordatorio diario demasiado cruel para ellos. Es una manera sádica que tiene el volcán de decirles: “Hola, estoy aquí. No me he ido”. Y pienso que este es uno de los principales motivos por el que el pueblo palmero empieza a notar el desgaste. 

Es cierto también que las cenizas no cubren la isla entera y que, obviamente, cuanto más cerca del volcán, más ceniza hay. Visitamos, por ejemplo, el Porís de Candelaria o el Charco Azul y allí no había rastro del volcán, pero es algo que depende de algo tan impredecible como el viento. También las cenizas son las responsables de muchas cancelaciones de vuelos aunque, como en todo, los palmeros se van adaptando y minimizando su impacto en la medida de lo posible.

La vida sigue su curso a pesar del volcán. Mirador del Time

Y, DE REPENTE, EL VOLCÁN

Nos alojamos en Los Llanos, a apenas 10 minutos del volcán para tener la mayor flexibilidad posible en nuestras salidas. De este modo, camino al alojamiento cruzamos el túnel de El Paso y un par de Kilómetros después lo vimos. UN VOLCÁN. UN PUTO VOLCÁN. Sinceramente, yo ni me había planteado poder admirar en mi vida un volcán en activo sin tener que irme a la otra punta del mundo. Y ahí estaba, escupiendo lava. Los ojos como platos detrás del volante y el pulsómetro por las nubes.

UN PEQUEÑO INCISO

Espero que os esté gustando la entrada del blog. Crear todo el contenido, escribirlo y maquetarlo, es un trabajo ingente. Si podéis, me gustaría que me echarais un cable comprando mi calendario “Euskadi Maitia” para este 2022 donde podréis encontrar 12 de mis mejores fotografías de mi tierra que os acompañarán durante este nuevo año. De antemano… ¡GRACIAS!

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TRASLADOS Y LOCALIZACIONES

Una vez instalados en el apartamento que alquilamos a un fotógrafo local, no perdimos tiempo en empezar a visitar las cercanías del volcán. Nos tomamos la falta absoluta de referencias como un acicate para ir explorando la zona y buscando spots donde la foto fuera realmente interesante. Como es lógico, acercarse al volcán estaba terminantemente prohibido por lo que el área de acción, dada la orografía del terreno, era bastante limitada. Una espesa calima nos impidió disfrutar de una visión limpia del cono volcánica, pero, ya con la noche cayendo, empezamos a atisbar ese rojo característico en contraste contra el negro de la noche. 

Visto que sacar algo decente iba a ser complicado, decidimos invertir el tiempo, a pesar del cansancio, en probar diferentes perspectivas, ver dónde estaban los límites que imponían las autoridades e ir jugando con las diferentes focales con las que contábamos para hacernos una idea de qué podíamos esperar. El motivo “real” del viaje no eran las fotos en sí con lo que tampoco había una presión ni una urgencia excesiva para encontrar una gran foto. Estábamos ante un fenómeno histórico y con contemplarlo nos era más que suficiente.

Al final de la noche descubrimos una pequeña loma que dejaba al descubierto una pequeña casa con la luz encendida en la lejanía. Aún no sabíamos dónde caía el cono volcánico, pero ya intuíamos que ahí podía haber foto.

Más allá de las limitaciones establecidas por los cuerpos de seguridad, no existe ningún tipo de problema en desplazarse por el resto de la isla. De hecho, solo el fin de semana notamos algunas retenciones en la zona de Los Llanos dada la mayor afluencia de curiosos que se acercaban a ver el volcán. Más allá de eso, total normalidad. Si acaso, algo más de precaución en la conducción ante la presencia de ceniza en la calzada.



Y POR FIN… LA FOTO.

Hay veces que pasa. Terminas la obturación, ves el fugaz jpg en la pantalla y se te escapa un “GUAU”. La tienes. La imagen que llevas 3 días persiguiendo por fin cuadra. La calima deja por fin ver el cono volcánico con claridad, la luz de la casa sigue encendida… Poco más hay que hacerle a la foto en casa porque ya está hecha. Justo a tiempo, porque no hay más oportunidades. Fotografiar un volcán no requiere de una técnica demasiado complicada, más allá de que es una situación de alto contraste y de que tienes que operar la cámara de noche, lo importante es lo de siempre: COMPONER. Las fotos no salen porque sí. Las fotos salen después de pasar horas scouteando la zona tanto in situ como mediante Google Maps. Imaginando, previendo… Y luego tener la suerte de que todo cuadre. No todas las fotos que imaginas se cumplen. Quizá el ángulo no es del todo correcto, hay vegetación por medio, cables… Sin embargo, cuando todo cuadra, es una sensación brutal.

Una casa resiste ante el volcán de La Palma.

De todos modos, esta es una imagen especial y las mismas deliberaciones mentales empezaron antes incluso de que la foto se fraguara de manera definitiva en la SD. ¿Es ética? ¿La publico? ¿Me siento bien con ella?  Lo bueno de tener amigos al lado es que te permiten tener una conversación con más puntos de vista y eso siempre ayuda. Seguidamente de estudiar la zona, la erupción y la colada, convenimos que aquella casa tiene toda la pinta de sobrevivir a esta tragedia y el mensaje que transmite la fotografía es tan bonito que, finalmente, decidí publicarla.

LA IMAGEN VIRAL

Y no siempre pasa… Pero la foto se hizo (muy) viral. Más de 2,5 millones de visualizaciones solamente en Twitter, apariciones en medios nacionales e internacionales… Hay veces que, sin buscarlo, encuentras oro. Es un orgullo poder ir a un lugar tan fotografiado y conseguir una foto diferente que impacte de esta manera. Más aún si el tiempo de planificación es nulo. Practicar tu mirada fotográfica durante años te otorga esa flexibilidad, esa intuición de ver de una manera un poquito diferente al resto. Creo honestamente que es una habilidad muy entrenable y que, con constancia, da unos muy buenos resultados. Lo repito siempre en mis cursos: “Hay que dejarse llevar y atreverse. Explorar y abrir la mente a cosas nuevas sin miedo a fallar. ” No concibo la fotografía como un constante “fusilamiento” de encuadres. Si te dejas libertad para crear (y fallar), al final llegarán los resultados.

LOS DRONES Y LA ÉTICA EN EL VOLCÁN

Como tampoco quiero repetirme hasta la saciedad, hay aspectos de mi viaje a La Palma que merecen su reflexión a parte, como el famoso video de dron que Antena 3 compró en primicia y que es un auténtico insulto a la ética, en mi opinión. Si queréis ahondar un poco en este tema y en la ética en general que he aplicado en este viaje, podéis escucharme en el Photolari Photcast junto a Rodrigo Rivas a partir del minuto 35. 



EL RESTO DE LOCALIZACIONES

La experiencia en La Palma fue una experiencia agridulce y, confieso, que, no le he dado tantas vueltas a unas fotos como a alguna de estas. Por un lado, nunca podré olvidar haber visto un volcán en activo, pero creo que no estaba preparado aun para hacer este viaje. Además, las condiciones distaron mucho de ser idóneas, sufriendo calima todos los días con la consiguiente falta de visibilidad. Aun así, me siento orgulloso del motivo del viaje y de, sobre todo, haber intentado todo para conseguir buenas fotos. Lejos de conformarnos con una ubicación intentamos escrutar el Google Maps en busca de nuevos puntos hasta cruzarnos con las barreras que la Guardia Civil disponía como zonas de exclusión. Me quedo con las ganas de haber subido a la montaña de La Laguna para haber podido contemplar la colada desde un poco más cerca o haber conseguido alguna toma desde la zona del refugio del Pilar. Y tener alguna toma aérea con el dron, claro… Pero todo no se puede y hay que ser felices con lo que se tiene… Que no es poco.



EL PIROCÚMULO

Sin embargo, si hay algo que me ha impactado sobremanera es el pirocúmulo que se forma en el volcán. Es difícil dar escala a algo que deja pequeño a todo un volcán. Se divisa desde kilómetros y sus texturas son hipnóticas. Siempre me voy a quedar con esa inmensa pared de humo y cenizas grabado a fuego en mi memoria como un elemento vivo, cambiante y aterrador que ejemplifica como pocas cosas esa dualidad del volcán: Precioso pero devastador. 



En definitiva, siempre es un placer viajar a La Palma. Incluso en estas circunstancias los palmeros son capaces de mostrarte lo que es la amabilidad en primera persona. Muchos en vuestros tuits me habéis preguntado como podéis ayudarles y la respuesta que dan desde el cabildo es sencilla: Yendo a visitarlos. Debemos intentar entre todos que el turismo vuelva a esa isla maravillosa y ojala que desde aquí pueda echarles un cable con eso con este artículo. Si has llegado hasta aquí o has colaborado con tus preguntas en Twitter, solo quería decirte GRACIAS.

 

Para ti, Ainho. Maite zaitut.

 

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