— Bilbao 2021 —

Todos han visto el mundo de los NFTS como la gallina de los huevos de oro. Pero no todo es bonito.

Llevaba mucho tiempo pensando en escribir este pequeño artículo. Sin embargo, tenía (y tengo) tantos pendientes que se hace muy difícil encontrar tiempo para pararse a reflexionar y escribir de una forma ordenada.

Para los que hayáis llegado aquí de rebote, me presento: Soy David de la Iglesia (@divcreativo), soy fotógrafo profesional y entré en el mundo d los NFTs hace unos meses. Por suerte, y para empezar, he de decir que he tenido éxito en mi pequeña aventura y que he vendido el 50% de las imágenes que he puesto a la venta, pero aquí quiero pararme a reflexionar un minuto en todo lo que me ha traído este mundo del arte digital para exponer al público todo lo que hay detrás. Primeramente decir que las obras que están expuestas en mi perfil de Foundation son obras que llevan adherido un esfuerzo y una inversión en dinero grande. Viajes, formación, equipo, (muchísimas) horas… A la gente le sorprende que se paguen precios tan altos “por una simple foto”. A mí me sorprende la miseria que paga la revista más prestigiosa del mundo por la foto de su portada o que una foto de un reportero de guerra freelance se pague a 20€.

Supongo que será cuestión de perspectiva.

 

El arte es subjetivo

Pero aquí es donde quiero llegar. Al precio, a la subjetividad y a lo complicado que se hace muchas veces entender qué narices entienden los coleccionistas sobre lo que están comprando. Porque vender NFTs es MUY difícil y, es innegable, existe un factor de aleatoriedad enorme.

¿Cómo vender NFTs y hacerte millonario?

Siempre digo que el mundo del arte digital es igual que el mundo del arte… Pero en digital. Parece de perogrullo, pero, en realidad, creo que reflexionamos poco sobre ello.

Desde siempre se le ha achacado al mundo del arte un cierto (o mucho) grado de snobbismo y postureo. Aunque no sigas mucho ese mundillo seguro que habrás oído hablar de los exuberantes precios de ciertas obras en ARCO o que una agencia de subastas ha vendido una obra por chopocientos millones de euros a un magnate ruso que quiere ponerlo en el baño.

Desde luego, jamás voy a entrar en qué se gasta la gente su dinero. Cada uno tiene que responder a eso cuando se acuesta a oscuras en la cama. Sin embargo, lo que sí que me parece interesante es pararnos a pensar en cómo afectan esos comportamientos a la percepción de nuestro trabajo.

 

¿Está bien que se pague muchísimo dinero por obras mal ejecutadas?

Y esto me lleva a la pregunta del principio… ¿Cómo es posible que se vendan obras mal ejecutadas por muchísimo dinero? Coloco las dos preguntas seguidas porque creo que no es posible responder a la una sin la otra o viceversa.

Primero diferenciaré entre que una obra esté mal realizada con un propósito y que esté echa unas zorros por pura ineptitud. Para mí una obra tiene que tener un propósito y tiene que estar ejecutada (como al autor le de la santa gana) para conseguir ese propósito.

Un ejemplo: Si yo quiero hacer un retrato para una revista y la cara no está a foco porque he fallado o porque no sé enfocar, es una foto mala. Si yo estoy haciendo un proyecto personal en el que busco que mis sujetos sean anónimos y he desenfocado la foto a propósito, la foto es buena.

Y digo mala y buena porque en una has hecho lo qe has querido y en la otra no. Que la foto es exactamente la misma y luego cada uno, con los criterios subjetivos que tenga, la juzgará mejor o peor.

Lo que no puede ser es que hagamos una foto mal (ejecutando de forma incorrecta respecto a nuestro discurso) y lo vendamos como “es que esto es arte y es subjetivo”. NO.

Y cuando se venden (o premian) fotos así es un DESASTRE para todos. Porque lo que estas vendiendo es mediocridad y mentira a precio de oro.

Tal cual

Y oye… Cada uno se busca la vida como buenamente puede, pero es innegable que esto tiene repercusiones para el trabajo de los demás. Y lo tiene porque, desde fuera, se da la impresión de que vende el que más SPAM hace, el que más le dora la píldora a este o u otro coleccionista o el que más le hace la pelota al artista de moda.

Y ESTO NO PUEDE SER.

Y no puede ser porque nuestro trabajo vale mucho más que eso. No voy a negar que hay que saber vender y utilizar las diferentes herramientas de marketing que tengamos a nuestra disposición, pero de ahí, a estar en redes mintiendo y con falsos halagos a quien sea solamente por estar en el “candelabro”, como diría alguna rubia, NO.

Y esto no es un problema de que el coleccionista sepa más o menos o de que nuestro curro lo valoren mejor o peor. No. Este es un problema que tenemos los propios artistas.

Y este es el principal motivo por el que me he apartado estos meses de ese mundo. Porque muchos se han quitado la careta por dos duros y no me ha gustado nada lo que había detrás: Envidias, usura y SPAM. 

Prefiero ganar menos y ser más feliz con los míos. Con los de verdad.

 
Y tú… ¿has probado suerte en el mundo nft? ¿cómo te ha ido?
 — Bilbao 2021 —

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